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LAS BUENAS IDEAS DE LA CALLE PADILLA

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Texto del artículo de El norte de Castilla:

Allí estuvo cerca de una hora, con una libreta y un bolígrafo. Apuntaba los vehículos, contabilizaba los peatones, analizaba cuántos viandantes paseaban por la zona. Y así estuvo un día. Y otro. Y otro más. Durante un mes. Cerca de 200 coches a la hora. Más de 600 viandantes. Fue un estudio de campo en toda regla y al final del mes, al comprobar los datos, Llegó a la conclusión de que esa podía ser una buena calle para montar su negocio. Fue así como Todo para los abuelos recaló en la calle Padilla. «Mi esposa era ayudante de geriatría y decidimos montar algo por nuestra cuenta», explica José Ángel. Ese algo fue esta tienda con base de ortopedia y numerosos ‘extras’. «Estamos centrados en las ayudas técnicas y en productos que hagan más sencilla la vida a las personas mayores», apunta. Eso de ‘ayuda técnica’ remite a «artilugios que favorecen el día a día de personas con limitaciones, desde bastones, muletas y andadores hasta sillas de ruedas». Pero hay más: pinzas extensibles para coger algo que se ha caído debajo de la cama, aparatos que ayudan a calzarse a las personas que no se pueden agachar, asientos móviles para las bañeras o artículos para lavar cabezas a personas postradas en la cama. “La cuestión es que no quisimos quedamos solo en esta vertiente sanitaria y por eso extendimos la oferta a regalos o productos para personas mayores”. Aquí hay paraguas que no pesan mucho, crejeras, abanicos, respaldos para la zona lumbar, manguitos, calzado o reproducciones de viejos carruseles. “La idea nos la dio una de las primeras clientas que tuvimos. Nos conto que le haría mucha ilusión que alguien le regalara el primer juguete que tuvo en su vida y que fue un carrusel… Cogimos la idea, los buscamos en varias ferias y los trajimos a la tienda”. Dice.

Ideas tampoco le faltan a Soledad de la Fuente, quien hace cuatro años y medio se coloco detrás del mostrador de la lencería Pau Mont. “Siempre me he dedicado a esto”, explica Soledad. Y pone como ejemplo el tiempo que pasó de empleada en el economato militar (cerrado hace diez años en el Paseo de Zorrilla, 37). O las temporadas que luego paso en La Conchita, en La Dalia…”Soy vecina de la Rondilla y cuando me enteré de que se traspasaba esta tienda decidí cogerla” Hoy ofrece sus productos y también esa idea… ¡diademas! Creaciones exclusivas (algunas pueden verse en el escaparate) de lazos y pequeños adornos para el pelo de las más pequeñas. Y la creatividad se acrecienta ahora, con las comuniones a la vuelta de la esquina “Suelen traer el vestido, me comentan como tienen pensado llevar el pelo y entonces les planteo alternativas y les preparo diademas exclusivas con cintas de lazo, flores secas o de tela, puntillas…”. Dice que son las madres quien suelen llevar la iniciativa, “aunque lo importantes es que las niñas se vean guapas y se sientan cómodas” indica Soledad de la Fuente, quien pone el acento en la asociación de comerciantes de las calles Torrecilla, Padilla y Lira, un colectivo que trabaja (por ejemplo, con descuentos y una campaña de idealización) para revitalizar el comercio de una zona que ahora está con la zanja abierta por las obras de reurbanización de Torrecilla. Algunos de los operarios que trabajan en este tajo quizá se han vestido en A3, la tienda de equipos de protección laboral que hace cuatro años se mudó desde San Luis hasta la calle Padilla. Fernando Argote y Arancha Campuzano son emplea-dos de este comercio que ofrece vestuario laboral (para hostelería, industrias, construcción y sanidad), calzado de protección y también piezas profesionales pero que pueden usar los particulares, como cazadoras térmicas o gafas de sol. «Aquí no hay modas, se busca lo práctico, pero sí que es verdad que se van metiendo colores algo más atractivos», indica Arancha. Y Fernando apunta que el mayor porcentaje de ventas se da entre los trabajadores sanitarios, quizá por la cercanía del Clínico, a tan solo unos pasitos

Entre hospitales

Hubo un tiempo, cuando el Rio Hortega estaba abierto junto a La Rondilla, en que había mucho más jaleó por la zona. Lo notaba Teodoro Martínez, de la panadería Panaderos 30. «Empezamos en el número 29 de la calle Panaderos y, al abrir también aquí, solo cambiamos el número», indica Teodoro, que amasa un negocio que hace años abrió Antonio, el abuelo de su mujer, en Castromonte. Era el panadero del pueblo y como el horno no bastaba para tantas manos, sus hijos tuvieron que ganarse el pan en Rioseco y en Valladolid capital. Esto es panadería, bollería, pastelería y además, sirven cafés y desayunos. “Una de nuestras especialidades son los salados, las empanadas. Las mas vendida es la de atún, pero también las tenemos vegetales, de bacalao con pasas… de todo lo que nos piden. Por ejemplo, de cabrales con morcilla” apunta Teodoro, quien enciende el horno a las seis de la mañana y, aunque abre a las ocho, ya antes atiendes a los clientes que van de camino al trabajo y quieren llevar recién hecho, y calentito, el plan de sus almuerzos.

Vecinos de acera son los comerciantes de Padilla, 3. Rubén Revuelta es el empleado de esta tienda que lleva doce años en la calle y que concentra su exposición de todo tipo de muebles en los 600 metros cuadrados del local. Revuelta lanza un mensaje de esperanza en mitad de la crisis. “Este mes de febrero hemos hecho más presupuestos. Durante el año pasado solo se vendían somieres, colchones y algún sofá y muebles juveniles. Ahora empieza a entrar gente a preguntar por salones, por dormitorios… De momento solo pregunta, pero ya es un primer paso. Y bienvenido sea.